Un gerente comercial nos contó que cada vez que bajaban las ventas, la reunión de directorio terminaba igual: «Hay que hacer una promoción».
Descuentos. Ofertas. Bajar precio. Era la única palanca que tenían porque no sabían qué más tocar. No tenían diagnóstico. Solo tenían miedo.
Bajar precios es la respuesta automática cuando no sabes qué está fallando.
Es la aspirina del mundo comercial. Te saca el dolor de cabeza por un rato, pero no resuelve la enfermedad. El problema es que bajar precios destruye margen. Y si lo haces suficientes veces, terminas compitiendo en un juego donde el que gana es el que aguanta más perdiendo plata.
Nadie quiere jugar ese juego. Pero muchos terminan jugándolo porque no ven otra opción. La pregunta que nadie hace en esas reuniones de directorio es: ¿por qué bajaron las ventas? No «bajaron las ventas, hagamos algo». Sino: ¿bajaron las ventas, dónde exactamente? ¿en qué zona? ¿con qué vendedores? ¿en qué categoría de clientes? ¿es un problema de cobertura o de efectividad? ¿estamos visitando menos clientes o estamos visitando los mismos pero vendiendo menos?
Esas preguntas requieren datos que la mayoría de las empresas no tienen. Lo que tienen es un Excel con totales. Vendimos tanto este mes. Vendimos tanto el mes pasado. La diferencia es negativa. Hay que hacer algo. ¿Qué hacemos? Bajamos precios.
Es como ir al médico con dolor de estómago y que te recete paracetamol sin preguntarte nada. Capaz que funcione. Capaz que no. Capaz que tengas algo serio y el paracetamol solo esté escondiendo los síntomas mientras el problema crece.
Dónde se pierde la información: El vendedor sabe cosas.
Sabe que en tal zona hay un competidor nuevo que está ofreciendo mejores condiciones. Sabe que tal cliente grande está molesto por una entrega que llegó tarde hace dos semanas. Sabe que en tal sector hay construcción y varios almacenes cerraron temporalmente.
Esa información está en la cabeza del vendedor. No está en ningún sistema. Y si el vendedor no la reporta, o si la reporta pero nadie la lee, o si la lee pero no la conecta con los números, se pierde. El gerente ve «ventas bajaron en zona sur». El vendedor sabe por qué bajaron. Pero esos dos datos no se encuentran. Entonces el gerente asume que es un problema de precio. Porque es lo único que puede ver desde su escritorio. Y baja el precio.
Un caso que nos marcó:Trabajamos con un distribuidor que tenía este problema en versión extrema.
Cada trimestre había promociones. Cada promoción era más agresiva que la anterior. El equipo comercial estaba acostumbrado: cuando bajaban las ventas, esperaban la promoción. Los clientes también estaban acostumbrados: para qué comprar hoy si la próxima semana va a haber descuento. Habían entrenado al mercado para esperar descuentos. Y ya no podían salir de ese ciclo.
Cuando implementaron visibilidad real, descubrieron algo que nadie esperaba: las ventas no bajaban por precio.
Bajaban porque había zonas enteras que no se estaban visitando. Vendedores que reportaban cobertura completa pero en realidad visitaban al 60% de la cartera. Clientes que habían dejado de comprar hace meses y nadie se había dado cuenta. El problema no era el precio. Era la cobertura. Estaban regalando margen para resolver un problema que no existía.
Qué significa tener diagnóstico:Significa poder abrir los números y ver qué hay adentro.
No solo «vendimos menos». Sino «vendimos menos en estas zonas, con estos vendedores, en esta categoría de clientes, y la causa probable es esta». Con eso puedes tomar decisiones quirúrgicas.
Si el problema es cobertura, refuerzas cobertura. Si es efectividad, trabajas en el pitch o en el mix de productos. Si es un competidor, respondes específicamente a eso. Si es logística, arreglas logística. Sin diagnóstico, todas las respuestas son genéricas. Y las respuestas genéricas son caras e ineficientes.




